Conocí el modelo de Great Place To Work® primero como cliente, con organizaciones de manufactura de alimentos y tecnología. Esto fue durante mi trayectoria profesional como psicóloga especializada en Desarrollo Organizacional.
Esta metodología me hizo mucho sentido a lo largo de mi experiencia en Recursos Humanos. Me di cuenta de que más allá de ser solo una medición, hablar de cultura organizacional era hablar de personas, de liderazgo y de la experiencia real que viven los colaboradores todos los días. Y, sobre todo, de cómo aprovechar los datos para construir iniciativas internas con impacto.
Años después, tuve la oportunidad de integrarme al equipo de consultoría de GPTW, iniciando una etapa tan retadora como enriquecedora.
Mis primeros años estuvieron llenos de aprendizajes acompañando organizaciones de distintos giros —sector financiero, retail, manufactura— así como empresas en México, el Caribe y Centroamérica, que buscaban certificarse, mejorar sus resultados o evaluar el impacto de sus acciones. Comencé a observar que las organizaciones que verdaderamente lograban transformarse eran aquellas convencidas de poner a las personas en el centro de la estrategia, de la operación y del negocio.
Con el tiempo confirmé que nuestro rol como consultores no consiste únicamente en acompañar procesos de certificación o medición. Nuestro verdadero propósito es ayudar a las organizaciones a construir mejores experiencias para sus colaboradores en el día a día, especialmente en entornos altamente demandantes, orientados al resultado, a la calidad y a la productividad.
Hoy, liderando la región Bajío —Querétaro, Guanajuato, Aguascalientes y San Luis Potosí—, he sido testigo de historias profundamente satisfactorias. He acompañado empresas que inicialmente llegaron buscando solo una insignia y que, con el paso de los años, integraron la cultura organizacional como parte de sus indicadores de negocio. Organizaciones que comprendieron que ninguna innovación tecnológica, sistema de producción o estrategia comercial puede sostenerse en el tiempo sin personas comprometidas, que se sienten escuchadas y orgullosas de lo que hacen.
Uno de los momentos que más disfruto es cuando visito a las organizaciones para presentar resultados, cuando me llaman para compartirme las iniciativas que están implementando o cuando me invitan a celebrar su certificación. Escuchar a líderes genuinamente involucrados, que conocen el modelo, que hablan con claridad de sus fortalezas y que reconocen con honestidad los aspectos que aún necesitan trabajarse, es una de las señales más claras de madurez cultural.
Las organizaciones que trabajan de manera consistente en su cultura logran disminuir su rotación, fortalecer el sentido de orgullo de sus colaboradores y generar una mayor apertura al cambio.
Para mí, después de todos estos años, GPTW y mi labor como consultora representan ser una guía y un apoyo para que las organizaciones consoliden su cultura organizacional a partir de acciones integradas, no solo de iniciativas aisladas. Un trabajo que se logra gracias al compromiso de las áreas de Recursos Humanos y a la participación activa de los líderes.
Porque, al final, más allá de cualquier insignia o reconocimiento, son las personas quienes hacen posibles los grandes resultados de las organizaciones.
Directora Regional Bajío
Great Place To Work® México