Quiero comenzar con una pregunta para ti: ¿te has detenido a pensar por qué cada vez cuesta más atraer a ciertos perfiles valiosos, incluso cuando ofreces una marca sólida, prestaciones competitivas o una posición interesante?
Muchas organizaciones siguen creyendo que el talento no llega “porque las nuevas generaciones no quieren trabajar”, “porque ya nadie se compromete” o “porque todo mundo quiere demasiado”.
Sin embargo, después de conversar con líderes, equipos y empresas de distintos sectores, he visto algo distinto: en muchos casos, el problema no está en el talento que cambió, sino en organizaciones que no han querido cambiar con él.
La Generación Z y el talento emergente están entrando al mercado laboral con una mirada diferente sobre lo que significa trabajar, pues ellos no crecieron con la idea de permanecer décadas en una empresa solo por estabilidad, ni consideran normal sacrificar bienestar personal a cambio de reconocimiento futuro.
Esto no quiere decir, que para ellos el trabajo no importe, pero sí es importante el cómo se sienten mientras trabajan, cómo los lideran, si aprenden algo valioso y si el entorno donde están tiene coherencia.
Si te soy honesto, me parece una evolución bastante lógica, pues durante muchos años se normalizaron prácticas que hoy ya no resultan atractivas, como: jefaturas distantes; culturas donde se premia el desgaste y el exceso de estrés; procesos lentos; favoritismos silenciosos; poca retroalimentación y discursos inspiradores que no se reflejan en la experiencia cotidiana.
Lo que hoy algunas empresas llaman falta de compromiso muchas veces es simplemente una respuesta natural ante ambientes que no generan confianza.
Cuando un candidato joven evalúa una oportunidad, observa mucho más que el sueldo, se fija en si tendrá líderes accesibles, si podrá desarrollar nuevas habilidades, si la empresa escucha ideas, si existe flexibilidad razonable, si la tecnología facilita el trabajo o lo complica, si hay oportunidades reales de crecimiento y si la cultura se siente humana.
Hoy las personas preguntan, investigan, leen opiniones, escuchan testimonios y detectan rápidamente cuando una empresa vende una imagen moderna por fuera, pero mantiene prácticas desgastadas por dentro.
Desde la experiencia que he tenido trabajando temas de cultura organizacional, he comprobado que las empresas más atractivas no necesariamente son las que ofrecen más, sino las que generan mayor credibilidad. Cuando las personas sienten respeto, imparcialidad, cercanía y orgullo por pertenecer, la atracción de talento ocurre con naturalidad y el mercado comienza a percibir a la organización como un lugar deseable para desarrollarse.
Aquí debes saber que no todo depende de grandes presupuestos, ya que los cambios más poderosos son de carácter humano más que de una inversión monetaria.
La Generación Z no vino a complicarle la vida a las empresas, vino a elevar el estándar poniendo sobre la mesa conversaciones que durante años se evitaron: salud mental, sentido del trabajo, liderazgo congruente, aprendizaje continuo y justicia organizacional. Esto bien entendido, no debe preocuparnos, debe impulsarnos.
Si hoy te cuesta atraer talento valioso, quizá la pregunta no es qué les pasa a los candidatos sino qué experiencia ofrece realmente tu organización cuando alguien decide entrar con la intención de estar en un lugar donde valga la pena crecer.
Antonio Villagrán
Head de Asesoría Estratégica – Soluciones Corporativas
Great Place to Work® México, Caribe y Centroamérica