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Esteban Echavarría / Partner en Costa Rica / Great Place to Work® México

“Ningún problema puede ser resuelto en el mismo nivel de conciencia en el que se creó”

Albert Einstein.

La llegada del Covid-19 ha traído un inmenso dolor a causa de la muerte de miles de personas y el empobrecimiento de otras más alrededor del mundo. Pero también ha traído un momento de pausa imprescindible para toda la humanidad. En un sentido hemos caído en picada en el crecimiento económico. En el otro, hemos frenado la trayectoria hacia el desequilibrio social, la desaparición de la biodiversidad y el calentamiento global.

En el contexto, están surgiendo nuevos grupos que nos proponen una nueva escala de valores y comportamientos que representan un salto cuántico en nuestro nivel de consciencia colectivo. Comprenden que la solución pasa por dejar de intentar una “salvación individual”, reconocen que pertenecemos a la naturaleza y que necesitamos volver a comportarnos como una parte de la misma. A nivel social, llegó el momento de cooperar en lugar de competir.

Un horizonte cercano basado en la ciudadanía

En las organizaciones, este nuevo comportamiento se conoce como ciudadanía organizacional (CCO). Su propósito es elevar al conjunto de la humanidad a un nivel de mayor bienestar sin buscar en primer lugar un beneficio personal. Se definen como acciones discrecionales, voluntarias, intencionales, desinteresadas. Se perciben de manera positiva por los demás ya que sobrepasan las expectativas formalmente requeridas para el desempeño de un determinado rol y resultan beneficiosas para las organizaciones, comunidades y entornos donde se llevan a cabo.

Los beneficios de los CCO para las organizaciones se reflejan en colaboradores con un mayor sentido de logro y significado, mayores niveles de dedicación y compromiso, mayor innovación y proactividad, mayor cooperación y mejores relaciones. Esto proyecta a la organización en su comunidad de una manera más respetuosa con el entorno natural y contribuye al logro de sus metas.

Por otra parte, la organización también logra una mayor retención de los colaboradores, refuerza los lazos de confianza con sus partes interesadas, fortalece su licencia para operar y disminuye sus riesgos legales y de reputación.

Cuando los CCO nacen de iniciativas de los colaboradores, el papel de la dirección es acercar estas iniciativas al propósito corporativo, de modo que lo complementen y amplifiquen, dándoles el espacio necesario para desarrollarlos.

Cuando es la organización la que quiere promover estos comportamientos, la principal influencia es el ejemplo. El primer paso es escuchar a las partes interesadas mediante el análisis de materialidad. El segundo paso es incorporar los comportamientos a los valores corporativos, y las necesidades a las estrategias y objetivos empresariales. El tercer paso es medir el impacto logrado y el último paso es reportar periódicamente el progreso logrado.

Ojalá algún día recordemos este periodo como el de la consolidación de los CCO en las organizaciones.

 

 

 

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