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Arturo Luna / Consultor / en colaboración para Great Place to Work® México

El primer mes la cuarentena fue una gran novedad para quienes trabajaban en oficina o en la calle; y es que nadie se podía imaginar el impacto que tendría el confinamiento tendría. La idea de trabajar en casa, con ropa cómoda, la familia cerca, teniendo a la mano el refrigerador, la cava y el teléfono de las pizzas, parecía un sueño hecho realidad…

Sin embargo, la verdad se reveló al siguiente mes: muchos se convirtieron en intrusos en sus propias casas; familias que nunca habían pasado tantas horas juntas, incrementaron sus conflictos.

En temas de trabajo, muchos cruces de palabras que hubieran sido “de pasillo”, se convirtieron en interminables llamadas y se extinguieron los espacios para relajar la mente. De pronto, todo se transformó en un maratón de videoconferencias con problemas tecnológicos o de sincronización de agendas, y con la condicionante de no poder negarse por la aparente disponibilidad de estar conectados todo el tiempo. Los temas escolares y labores del hogar, muchas veces se volvieron caóticos.

 

El dolor de una resaca

El tercer mes fue para muchos muy estresante. Ahora mismo hay organizaciones reduciendo sueldos a cambio de menores jornadas, adelantando o promoviendo vacaciones o ausencias voluntarias. Otras, perdieron toda esperanza y quebraron y las más, ya tuvieron reestructuras. Las dificultades han puesto en riesgo a varias de las funciones en una organización. Los problemas emocionales se hacen más graves, generando altos niveles de estrés que muchas veces se han reflejado en la productividad.

Ahora estamos ante una situación de incertidumbre, en la que muchas organizaciones necesitan regresar a la operación normal para sobrevivir; otras han decidido esperar un poco más y otras están dando por perdido el regreso a las oficinas durante este año o posponiendo el fin de la cuarentena hasta el último trimestre. En las calles, algunas personas han bajado la guardia y otras se están adaptando a una nueva realidad.

 

La receta inicial

A estas alturas, ya tenemos una buena idea de las cuatro mejores acciones que Los Mejores Lugares para Trabajar® han implementado:

  1. Establecer reglas claras de trabajo y cumplirlas en estricto
  2. Comunicar y manejar las expectativas y temores de las personas
  3. Organizar correctamente a sus equipos acercándoles las herramientas y medios adecuados
  4. Generar acciones, ambientes y estrategias relacionados con la salud mental de las personas

 

¿Qué sigue y qué deberían hacer los Mejores Lugares para Trabajar®?

Hay otras cuatro recomendaciones estratégicas:

  • Comunicación clara y efectiva, no sólo de la situación y los pronósticos, sino también de lo que se espera en cuanto al trabajo y desempeño
  • Fomentar y asegurar un “Liderazgo humano” a través de técnicas de salario emocional y especial cuidado en las personas
  • Poner especial cuidado en los grupos vulnerables, definiendo acciones de apoyo y contención
  • Crear comités internos de innovación, enfocados en diseñar estrategias de colaboración interna y trabajo efectivo que además mantengan alta la moral del equipo

Cualquier inversión que la empresa haga en este sentido, no sólo será bien recibida por las personas, sino que tendrá un adecuado retorno positivo en el corto y mediano plazos para todos.

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